Máximas de Paramahamsa Yogananda

Habiendo sido iniciado en Kriya Yoga por el Maestro, cierto estudiante comentó con otro: “Yo no practico Kriya diariamente. Estoy tratando de conservar en mi memoria el gozo que sentí la primera vez que empleé la técnica”.

Cuando Paramahansaji escuchó dicho incidente, echóse a reír, diciendo:

“Este estudiante actúa como un hombre hambriento que rechaza la comida, afirmando: “No

gracias. Estoy tratando de hacer perdurar en mí la satisfacción que sentí a raíz de una cena de la cual disfruté la semana pasada”.

“A través de la práctica de la meditación”, dijo el Maestro, “descubrirás que llevas dentro del

corazón tu propio paraíso”

“¿Qué impide a la Tierra abandonar su órbita?”, preguntó Paramahansaji a un discípulo.

“La atracción gravitacional del Sol, o fuerza centrípeta, señor; ella impide que la Tierra se pierda en el espacio circundante”, respondió el joven.

“¿Qué impide, entonces, que la Tierra sea definitivamente atraída hacia el Sol?”, preguntó el

Maestro. “La fuerza centrífuga de la Tierra, por medio de la cual esta se mantiene a cierta distancia del Sol”.

El Maestro sonrió significativamente. Sólo posteriormente, el discípulo se percató del hecho de que Paramahansaji se había referido alegóricamente a Dios como el Sol que atrae, y al ego humano como la Tierra que se “mantiene a distancia”

En cierta ocasión, habiendo dado el Maestro una charla acerca de la creación, explicando por

qué el Señor la había iniciado, los discípulos realizaron múltiples preguntas. Paramahansaji dijo, riendo: “Esta vida es una extraordinaria novela escrita por Dios, y el hombre enloquecería si se esforzase por comprenderla solamente a través de la razón. Es por ello que les ruego que mediten más. Dilaten la mágica copa de su intuición, y entonces serán capaces de conocer en ella el océano de la sabiduría infinita”.

Sintiéndose agobiado por la adversidad, cierto hombre se lamentaba: “Ha de ser mi karma;

parecería que no me es dado tener éxito en nada”.

“Entonces hacer usted un mayor esfuerzo”, respondió el Maestro. “Olvídese del pasado, y confíe más en Dios. Él no nos asigna fatalmente un destino determinado; aun cuando nuestras vidas están influenciadas por nuestros pensamientos y acciones pasadas, el karma no constituye el único factor en juego. Si le desagrada la forma en que se está desarrollando su vida actual, modifíquela; cambie su estilo. No me complace escuchar a los hombres suspirar y atribuir su presente fracaso a los errores cometidos en el pasado; el hacerlo así denota pereza espiritual. Ponga manos a la obra y desmalece el jardín de su vida”.

“¿Cuál es la mejor oración?”, preguntó un discípulo. El Maestro respondió:

“Dile al Señor: “Te ruego que me des a conocer tu Voluntad”. No pidas: “Dame esto y dame

aquello”, sino que confía en que Dios sabe lo que necesitas. Verás que obtienes bienes muy

superiores cuando Él los elige por ti”.

El Maestro solía solicitar a los discípulos que se hiciesen cargo de diversas tareas menores.

Cuando un discípulo se negó, en cierta ocasión, a realizar una labor tan nimia, considerando que ésta carecía de toda importancia, Paramhansaji le respondió suavemente diciendo:

“La felicidad en la realización de los deberes menores, nos confiere la fortaleza para adherirnos a las difíciles determinaciones que la vida nos obligará a adoptar algún día”.



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