La Ley del Karma

El misterio de vida y muerte por Paramahamsa Hariharananda.



Desde sus inicios, la humanidad ha estado confrontada al problema de la muerte y, por lo tanto, ha reflexionado sobre el misterio de la vida y la muerte. Nacemos para trabajar nuestro karma. Así como sembramos así mismo cosechamos. La cadena que nos ata a la rueda la de la vida y la muerte es la ley del karma. El karma nos ata, pero al mismo tiempo puede liberarnos. El karma es cautiverio en tanto nos aferramos al mundo efímero de los sentidos. Una vez nos dirigimos hacia lo eterno, el karma nos deja libres.


Cuando observamos el mundo que nos rodea, encontramos que algunos nacen ricos, saludables e inteligentes, mientras que otros nacen pobres, enfermos e ignorantes. Quienes son dados a la reflexión naturalmente observan esta aparente injusticia y suelen cuestionar la existencia de una providencia toda misericordiosa y bondadosa. Pero es absurdo culpara a Dios de las miserias y tristezas que nosotros mismos nos hemos labrado. ¿Cuántos de nosotros seguimos las enseñanzas de las escrituras en pensamiento, palabra y obra?

Nosotros mismos nos convertimos en causa de nuestras miserias cuando violamos las leyes de Dios. Dios tan solo observa, dejando que Sus leyes impartan justicia. Krishna dice en el Bhagavad Gita (9:29): “Como el Señor, estoy presente por igual en todos los seres; no favorezco ni desprecio a nadie”. Dios se mantiene imparcial en todos los seres como atma. Habiéndole otorgado libre albedrío a cada ser humano, Él nos permite escribir nuestro propio destino. Y nosotros lo hacemos y nos atamos con la cadena del karma, que elaboramos lenta y dolorosamente, nacimiento tras nacimiento. Si no hubo nacimientos previos y si cada efecto tiene una causa anterior a él, entonces ¿Cuál es la causa que hace nacer a una persona inválida o corta de entendimiento? Son las acciones pasadas de nuestro nacimiento anterior las que determinan lo que somos y los que hacemos.


[...] No hay nada accidental en este mundo; antes bien, todo es incidental, y esto lo vemos a nuestros alrededor. ¿Es solo por azar que una manzana cae al piso? La ignorancia de un hecho de un hecho no significa que no exista. Solo la ley del karma explica por qué cada individua es lo que es. Nada ocurre sin una causa. Causa y efecto se corresponden mutuamente. Ni la herencia no el entorno, ni siquiera la interacción entre ellos, pueden explicar estos hechos de la vida. Un proceso físico solo puede producir un efecto físico y nada más. Únicamente el cuerpo y la mente de una persona pueden atribuirse a la herencia y al entorno. Es necesario buscar en otra parte la explicación que da cuenta de la personalidad de un individuo. Cuando aceptamos la doctrina de la reencarnación es cuando encontramos una explicación sobre todo lo que hace a una persona ser lo que es. Solo cuando la persona entiende lo que ella es y por qué es lo que es, puede ella cambiar su vida y su destino. Conociendo su karma es como puede llegar a superarlo.


Karma significa acción, tanto física como mental. Toda acción deja su impresión en la mente subconsciente y produce un buen o mal efecto en la vida de una persona. Las impresiones que dejan las acciones de las vidas pasadas se guardan en la supraconciencia y germinan cuando el ambiente es apropiado. Todo esto constituye el entorno interior que, en conjunto con el entorno exterior, rige los actos de las personas. El karma se divide en tres categorías: samchita, prarabdha y kriyamana. Samchita es el karma de nuestras vidas pasadas, que se almacena en el cerebro medio; éste no ha dado fruto aún. Prarabdha significa todos los karmas de nuestras vidas pasadas que han determinado la vida actual. Kriyamana es el karma que estamos acumulando en esta vida y que fructificará en vidas futuras.


Cuando la persona pierde su ego y deja de identificarse con sus actos, estos dejan de atarla. La solución no es la inercia, sino el desapego; así se anula la ley del karma y la persona se libera. La vida de un Kriya yogui no se rige por los actos del pasado, sino por la dirección de su Ser interior. El aspirante llega a la mera con rapidez, y evita así el camino de la evolución caótica basada en el karma y se libera de la vida y la muerte.


El problema de la muerte no es en realidad un misterio. La verdad es que no diferencia entre la vida y la muerte. De hecho, nada está muerto. Así como los átomos en la materia inanimada, como los metales, están en constante movimiento y vibran con rapidez, así también los átomos de la carne de un cadáver se mueven de manera constante y vibran con rapidez. Las diferentes formas de la materia son la manifestación de la misma fuerza vital, así como el hielo, el agua, la nieve y el vapor son distintas manifestaciones de una misma sustancia. Toda materia, incluyendo los cuerpos inanimados y los cuerpos muertos, es manifestación de la vida. Como dice Gurudev Paramahamsa Yoganandji: “La vida duerme en la tierra curda, sueña con la belleza de las flores, se despierta con fuerza en los animales y adquiere conciencia de posibilidades infinitas en el hombre”.


Durante el nacimiento, algo ingresa al mundo; durante la muerte, algo sale. Ese algo es tema que ocupa a todas las religiones; éstas se han propuesto investigarlo y han presentado algunas respuestas. La gente tiene un interés inmenso por ese “algo”. Los actos de las vidas anteriores producen el carácter de los individuos y conducen a nuevos actos que a su vez, hacen avanzar la evolución. Este proceso termina en la liberación, el destino de todos los seres vivos. Una persona nace en conformidad con su karma. Cuando las posiciones planetarias corresponden al karma de esa persona, el cuerpo sutil ingresa a útero de la madre y procede a fabricar el cuerpo burdo. En el momento oportuno, el bebé nace.

La persona pasa por las diversas etapas de la vida y recoge las experiencias e impresiones de sus actos en el subconsciente. Una vez se agota el prarabdha karma causante del nacimiento, el cuerpo astral se separa del cuerpo burdo. A este fenómeno se le denomina muerte. En realidad, sin embargo, es solo la separación de los dos cuerpos.

Lo que indica si hay vida o muerte es la presencia o ausencia de prana (el aire vital, comúnmente llamado respiración). La ausencia de prana detiene el funcionamiento del corazón. Por esto, cuando la respiración y los latidos del corazón se detienen, la persona muere. Sin embargo, un yogui realizado puede controlar estos dos sistemas de manera consciente y permanecer en un estado de absoluta tranquilidad o Samadhi, porque ha logrado el control sobre la vida y la muerte, que es el medo para alcanzar la iluminación. Cuando el yogui no depende más de la respiración y del corazón para existir, emerge en el la más alta sabiduría. No le teme más a la muerte, porque la muerte significa libertad, liberación de las ataduras.


Al morir, el Ser encarnado se traslada de un lugar a otro. La muerte misma es dolorosa o tranquila según el karma de cada quien. Si la persona ha logrado en vida el estado de separación consciente entre el Ser y el cuerpo, la muerte no encierra ningún dolor para ella; conocerá de antemano el momento en que se agotará su prarabdha karma y, cuando llegue ese momento, dejará el mundo conscientemente. Sin embargo, eso solo se puede lograr a través de la práctica regular y constante de la meditación.


La muerte no es el final de una persona, así como el nacimiento no es el principio. Entonces, ¿Qué es la muerte? La muerte significa que el Ser (junto con el cuerpo sutil, compuesto por la mente y todas sus impresiones) deja el cuerpo burdo. Estas impresiones se convierten en las semillas del nacimiento futuro. Es principalmente el último pensamiento de una persona el que decide su futuro nacimiento. Los últimos pensamientos son moderados por los deseos que predominan en la vida. Por lo tanto, los deseos constituyen la raíz del nacimiento y la muerte, Al destruir el deseo, uno ataca la raíz del karma y logra escapar del ciclo de nacimiento y muerte. Sin embargo, esto solo es posible mediante una meditación sincera. El Bhagavad Gita (2:71) dice de manera clara: “Quien abandona todo deseo y se mueve libre de todo apego, egoísmo y sed de placeres, logra paz”. Ese es el estado de un alma compenetrada con Dios: al haber alcanzado este estado, ha superado la ilusión; permaneciendo en este estado, incluso en el último momento, alcanza el gozo de Brahman. Cuando una persona experimenta la inmortalidad del Ser, logra liberación. El ciclo de nacimiento y muerte termina para ese individuo particular. Por lo tanto es responsabilidad de cada persona alcanzar la liberación, con la gracia de Dios y de los seres liberados.

Así como Dios es infinito, las alas encarnadas, o yivas, según las escrituras hindúes, también son infinitas. Una yiva pasa por ocho millones cuatrocientos mil úteros antes de alzar la liberación. De estos, cuatrocientos mil nacimientos vienen de úteros humanos. Cuando uno ha logrado nacer como ser humano, uno debe actuar con sensatez, empleando el discernimiento para conocer la voluntad de Dios. Luego, mediante la práctica de la meditación, uno puede desarrollar la intuición y agilizar su evolución en la vida.


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